Luciano Díaz

 

Mi padre me había dicho que era muy importante recordar fechas que marcaban los hitos históricos en todos los campos: las ciencias, las artes (la literatura), la política y el deporte. Él, que de niño abandonó su casa a los siete años y perdido no pudo nunca más  regresar a ésta, solía pegar en hojas de papel grueso todas las noticias y artículos de revistas y diarios que a él le parecían importantes. Los muchos portafolios que había logrado armar con sus propias manos, llenaban los desvencijados armarios que habían por la casa. Muchos años de esta práctica lo convirtieron en un hombre con el conocimiento más amplio que yo haya conocido hasta hoy. Esto, sin siquiera haber puesto un solo pie en ninguna universidad.

Al escuchar sus conversaciones con personas de variopinta educación, religión y partidos políticos, pasaban por mis oídos como ráfagas, nombres de personajes y lugares geográficos que hasta hoy no conozco y otros que son de conocimiento obligado. Aristarco, Gilgamesh, Peloponeso, Sócrates, Babilonia, Daniel, Job, Aristóteles, La Biblia, Descartes, Lutero, Cervantes, Marx, Engels, Lenín, Einstein, Belikowsky, el FRAP, Allende, Colo Colo y muchísimos otros desfilaban en una letanía diaria que terminaron por grabarse en mi memoria.

Aniversarios de Luciano Díaz

 

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Con el paso del tiempo me fui dando cuenta de la maravilla que significa el conocimiento y sabiduría en las personas, cuando estas no tienen ni una sola gota de pedantería. Está claro que esto no se consigue con los instrumentos de medición oficial del conocimiento, que son las Universidades y sus jurados formados por eruditos y profesores, que en la mayoría de los casos sólo repiten teorías y creencias escritas por  otros hombres antes que ellos. Unos cuantos exámenes y cierta cantidad de páginas que agradan a estos profesores, lo convierten a uno en un erudito oficial. Del conocimiento que hablo en el caso de mi viejo y otros que he conocido, es el que se adquiere sin ningún tipo de presión ni fecha límite. Me refiero al conocimiento por ingenuidad y por placer.

La suerte que corrieron aquellos portafolios con una vida entera de información, fue la destrucción sistemática por manos pequeñas que buscaban material para la escuela y por otras más pequeñas aún que simplemente eran presa de la curiosidad sin límite.

Recordando las muchas efemérides que aparecían en los portafolios, coinciden el 2005 tres que son muy importantes, y hasta cuatro si agrego que una que no estaba en dichos documentos.
Hace 400 años, en 1605 se publica en España El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, la novela más importante de la historia, cuya autoría es de Miguel de Cervantes. 300 años después de aquél acontecimiento Albert Einstein se encuentra con que varias ideas de Don Quijote sobre la realidad coinciden con varias teorías suyas en ciernes. Por ejemplo en el episodio del Yelmo de Mambrino cuando Sancho le dice a Don Quijote que esta es una bacía de barbero a lo que Don Quijote responde que a él le parece que es un yelmo, Einstein dice que la ciencia es como esa actitud de Don Quijote, crear y probar; por qué a modo de ejemplo, la luz se comporta a veces como ondas electromagnéticas y en otras ocasiones como partículas libres, o sea, fotones. Entonces hace cien años, en 1905 Einstein publica una serie de artículos que cambiarán la ciencia para siempre. Su teoría de la relatividad y alcances sobre física cuántica, nos harán ver y saber del universo como nunca antes en la historia. Veinte años después de la publicación de los trabajos de Einstein, en 1925 un joven futbolista chileno que le gustaba estudiar y leer aparte de jugar fútbol, leía que la Teoría Especial de la Relatividad, que se refería a la relación de la energía con la masa—es decir, si un cuerpo emite una cierta cantidad de energía, la masa de ese cuerpo decrecerá en la forma proporcionada, ante lo cual  Einstein escribía ''Este pensamiento es divertido e infeccioso, pero no puedo saber con certeza si el buen Señor no se esté riendo de esto y me esté llevando por las de Villadiego''—exclamaba "Vaya tipo." David Arellano, un estudiante de pedagogía piensa que este hombre tiene cierto parecido a Don Quijote. Recordando entonces al único y gran Caballero de la historia, decidió que él y sus camaradas ya no tenían por que seguir los dictados de las personas que los tenían maniatados al club Deportivo Magallanes, la Academia. Como Don Quijote, de quien él decía que creaba su propia realidad, Arellano y sus amigos deciden crear el club de fútbol más popular y más querido de Chile, Colo Colo. Los jóvenes vivirán su propio sueño y como buenos Einstenianos, arrojarán luz a aquella juventud del 25.

Luego de un par de años, Arellano sugiere ir en una gira a las tierras de Cervantes por donde paseó su héroe Don Quijote. Allí sufre un accidente en donde su apéndice ya medio pasado a peritonitis, recibe un pelotazo y esto la causa la muerte en el mismo césped de Valladolid*. El luto se apersona para siempre en el corazón de Colo Colo y el fútbol nacional. En los Quijotes del fútbol. También en 1925, cuando el joven David Arellano y sus camaradas fundaban el club Colo Colo, nacía en Santiago, Francisco Dimas Rosales, mi padre. Entonces, aniversarios importantes son estos.

A veces el tiempo, los sueños y los fenómenos, en algún instante preciso producen paradigmas que señalan la historia.

 

 

* Se dice que Arellano murió en una cama (como Don Quijote) del hotel donde se hospedaba la delegación chilena. Pero ya había dejado su corazón, de jugador de fútbol y de Colo Colo, en el césped del campo de Valladolid.