Qué Macondo ni qué niño muerto. Por otro lado, los límpidos cielos de esa región, cerca del hogar en que creciera Gabriela Mistral, donde se asienta el observatorio El Totolo, son frecuentemente visitados por OVNIS, hecho que James Krator, secretario de la Sociedad de Escritores de Chile de la Región de Coquimbo no tendría entusiasmo en desmentir. Yo mismo yendo en bus desde Santiago mirando por la ventana la porción gradual de un paisaje que no había visitado hace quince años, ví una vasta figura alada que sobrevolaba el vehículo a esa hora crepuscular. La mayoría de los otros pasajeros
dormía, o tenían las cortinas corridas.

Una vez llegado a mi destino final, y despabilándome en el hotel que nos habían
asignado en Coquimbo, comenté que había visto un cóndor que sobrevolaba el bus, y un
poeta de la zona me comentó “raro, muy raro. Que yo sepa, nunca se han visto cóndores
tan cerca de la costa. Incluso no me parece ni nunca he escuchado que se hayan visto
cóndores en la costa en ninguna región de esta larga y angosta faja”. Bueno, entonces
decidí no mencionar más el asunto. Pero junto con dos compañeros escritores que asistían
al encuentro, pioneros de la revista Tebaida, del Norte del país en los gloriosos
sesenta, pude comprobar que la geografía misma de ese puerto encaramado en colinas no es correcta. Pese a estar a unas pocas cuadras y en un dirección bastante clara del campus,
casi a orillas del mar, donde se desarrollaba el evento, las tres veces que intentamos
llegar a pie nos perdimos,  o en un dédalo de callejones insospechados, o siguiendo la
línea de una costa que se retorcía sobre sí misma. Volviendo a la presentación de ese
libro compilado por el académico y poeta porteño (de Valparaíso) Novoa, recuerdo haber
tomado la palabra e indicado que por ejemplo en Argentina  figuras de la estatura de
Jorge Luis Borges, Bioy Casares y el mismo Sábato, de alguna manera, cultivaban con
afición lo que podría  llamarse literatura fantástica, y que allí por cuatro años en los
cincuenta del siglo pasado se editó la revista Más Allá, que presentaba en versión
española lo más granado de la ciencia ficción mundial, sobre todo anglosajona. Novoa se
refirió como al pasar y solamente medio en broma a las incontables islas del
archipiélago de Chile, que se desgrana hacia el sur y la niebla, expresando lo que
podría encontrarse en aquellas islas e islotes, muchos de ellos aún inexplorados.
Entonces me acordé de la mítica Isla Friendship, a que refirió un escritor chileno en
una nota, meses antes de que su hogar en Batôn Rouge fuera arrasado por las aguas. Me
levanté y salí.

 

 

Antologías y cóndores desubicados

de Jorge Etcheverry

 

 

 

 

 

 

 

 

 

<---- ensayo / crónica

 

 

Marcelo Novoa, al presentar en la feria del libro de Santiago de Chile su reciente
antología de ciencia ficción chilena, dijo intentando explicar el escaso cultivo del
género en el país que quizás el criollismo mundonovista había aplastado a la literatura
chilena, haciendo retroceder del imaginario nacional la posibilidad de desarrollo de la
literatura fantástica. Eso en un país mágico, según el mimo Novoa. Y no está ni así de
perdido. En el puerto de Coquimbo, en el Norte Chico, la antesala del desierto morando
al altiplano donde asistí a un congreso sobre la poesía andina a mediados de octubre, se
enfrentan desde la cima de dos sendos cerros que coronan,  la Cruz de Milenio, una
altísima estructura de concreto,  y una enorme mezquita, en una región en la que, a
decir de un personero de la Iglesia Católica que vi el otro día por televisión, no hay
más que siete musulmanes en la población que alcanza a las 600 000 almas.


portadaportada

 

 

 

FUNDAMENTACIÓN DE LA PERSECUTA de Jorge Etcheverry

 

 

Etcheverry, Jorge. "Antologías y cóndores desubicados" Poesía sexo maríhuana . eds.Felipe Quetzalcoatl Quintanilla, Ivonne Zarza , Shiddarta Vásquez Córdoba. London: Dic 2006.

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