Por un momento, miré aprehensivamente los autos estacionados, la vereda veraniega por donde pasaban transeúntes embadurnados de bloqueador para evitar el cáncer cutáneo, sofocados por los 30 grados y más de un enero radiante de efecto de invernadero. Y me bajó el julepe, a lo mejor porque estábamos hablando de los tiempos de militancia política, de los exilios, y pregunté, o más bien me pregunté en voz alta si no sería arriesgado eso de tipos ex militantes que vienen de continentes con democracias cada vez más controladas al país desde donde alguna vez los fueron, aunque fuera con la chapa de un encuentro de poesía, ahora que la globalización también era la conexión de los servicios de seguridad y la tendencia cada vez más acentuada a irse corriendo de la prevención y extirpación del terrorismo a la supresión de la disidencia al nuevo orden mundial, cualquiera que fuera, quizás aquí mismo en la capital de su niñito regalón. Además de que es sabido que los poetas son sospechosos.

Pero entonces Carlos me miró de reojo y dijo “A éste le bajó la persecuta”. Ese término creo que fue acuñado en los sesenta, es la paranoia, o paranodia como la sobrepronunciaba un amigo aquí, el delirio de persecución, andar viendo fachos por todas partes, guatones de la PP (policía política) en cada tipo gordo, de terno, con anteojos oscuros, escuchar ruidos raros como música de fondo de las llamadas telefónicas, pensar que la minita que te dio bola y con la que uno iba a juntarse tenía motivos ulteriores y no muy santos. Pero en los tiempos que corren y hablando objetivamente hay mucha más razón para la persecuta. Ya no existe el así llamado Campo Socialista, un conglomerado de estados burocráticos, naciones improductivas, bastante fomes en términos de opciones en la vida cotidiana, si los compara con algunas ciudades europeas o latinoamericanas. Pero que garantizaban a todos los ciudadanos la supervivencia, la educación y la salud, cosa que ya los convierte en para utópicos en estos tiempos del sálvese quien pueda que parece regir las instancias de la economía a nivel mundial, las formas de gobierno—esa cosa que llaman ‘democracia’ en el Hemisferio Norte y que quieren expandir en el resto del mundo para beneficio de sus productos y precios. Entonces, y sin mencionar la vigilancia que los estados y oficinas de seguridad ejercen en las comunicaciones, la gente con ideas por así decir “revolucionarias”, además de estar en una minoría bastante absoluta—aunque se trata de una elite, está de espaldas contra la pared, enfrentada a un sistema de creencias sociales y principios y organismos institucionales que casi desde el consenso irrestricto y global amenazan su mera existencia.

Los costosos descalabros de la expansión del sistema que se lleva a cabo en el Medio Oriente bajo la égida del neocristianismo anglosajón y desarrollado, la respuesta del extremismo islamo árabe en esta guerra que quieren hacer pasar como conflicto entre civilizaciones, sensibilizan los aparatos de seguridad, el homogéneo discurso de los medios y la inconsciente opinión pública contra lo diferente, extraño, disidente, acentuando la vigilancia sobre los partidarios del cambio social. Los éxitos parciales en el cambio de rumbo en la nueva Latinoamérica de Chávez, Morales y Obrador acentúan la tendencia a la caza de brujas. Los presupuestos destinados a la seguridad, la inteligencia y el antiterrorismo se inflan desmesuradamente creando legiones de empleados que husmean en pos delitos reales o imaginarios de los cuales depende en última instancia su salario. Todo esto se percibe en la calle, crea una atmósfera, se deja sentir en la vida cotidiana, por lo menos lo sentimos aquellos de entre nosotros que estamos atentos. Que no bajamos la guardia. Sitios web, cuentas de correo electrónico, comunicaciones telefónicas, etc. son indiscutiblemente sometidos al más acucioso escrutinio. Las opiniones y afirmaciones ayer descartadas como carentes de importancia e inofensivas hoy lo pueden llevar a uno a la cárcel. En resumen, hay que andar pisando huevos.

—Chanta la moto. Te está bajando la Persecuta

 

 

FUNDAMENTACIÓN DE LA PERSECUTA

de Jorge Etcheverry

 

 

 

 

 

 

 

 

 

<---- ensayo / crónica

 

En enero del año pasado estábamos alrededor de una mesa de café en Santiago con Carlos Geywitz  y  Sergio Infante, poetas chilenos radicados en Suecia. Ya se había hecho un recital frente a La Moneda, teniendo a un costado la estatua de Allende. Se trataba del encuentro organizado por Chile Poesía que reunió a catorce poetas chilenos dispersos por el mundo. Se conversaba de los tiempos nuevos y de los viejos, la situación mundial y las perspectivas de cambio en Chile y en mundo, no tan inalcanzable, parecía, como en años anteriores, al menos en Latinoamérica. Que no en chilito, con su animosa, dinámica adopción de la globalización neoliberal, como una tía solterona pero que siempre quiso casarse al recibir en la casa una niñita de la hermana por unos días. Los nuevos nazis chilenos han dejado el alemán por el inglés, un grupo se llama los Hammerhead. Los de izquierda no lo hacen mal. Un punk de izquierda es un redskin. Ahora me preguntarán qué hacen los nazis en un país noventa por ciento mestizo, al menos fuera de Faldivia, de donde es Geywitz. Pero es otro asunto.

portadaportada

 

 

 

FUNDAMENTACIÓN DE LA PERSECUTA de Jorge Etcheverry

 

 

Etcheverry, Jorge. "Fundamentación de la persecuta" Poesía sexo maríhuana . eds.Felipe Quetzalcoatl Quintanilla, Ivonne Zarza , Shiddarta Vásquez Córdoba. Ottawa: 2006.,

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