ACERCA DE LAS DESPEDIDAS Y LAS RELACIONES PERSONALES de Fernanda P. Mazón Gómez
No hace falta preguntarle a una mujer típica cuál es su deseo en cuanto a su vida amorosa: encontrarse a un hombre fiel, que la trate bien, que un día le pida casarse con ella y quiera tener una familia feliz. Analicemos un poco más la situación.
El hombre fiel (léase que es incapaz de voltear a ver a otra mujer, es impensable que manifieste cualquier tipo de aceptación a otra mujer que no sea su madre o su mujer) debería, de ser posible, ser extremadamente guapo y encontrarse en una posición social envidiable. La mamá del afortunadísimo ser humano en cuestión nos debe amar, invitar a eventos, presentarnos con sus amigas y, con el tiempo, volverse nuestra amiga íntima. Tratarnos bien tiene dos acepciones: la personal, hecha por él, y la extendida, a través de otros. En la personal entran: llevarnos desayunos a la cama, darnos masajes, platicar largas horas, callarse por grandes períodos, esperar. La extendida consta en darnos su tarjeta de crédito, con la cual compraremos la simpatía de mucha gente, y poner a nuestro servicio infinidad de personas que cumplan cada uno de nuestros caprichos (no hay que abundar en ésto, cada cabeza un mundo). El día que nos pida casarnos con él debe hacer algo que no se nos olvide para el resto de nuestras vidas. Algunas buenas ideas son: Un crucero, de noche, en medio de una lluvia terrible con todos los rayos cayendo al lado de la embarcación, pronunciar un magnífico discurso que nos lleve a las nubes (de donde podríamos no salir vivas, dadas las condiciones). Nota: el anillo debe ser lo más costoso posible, ostentar una marca conocida y llevar una inscripción cursi al interior. Para muchas mujeres ésta búsqueda es su motor. Su motivo de vivir.
Por alguna extraña razón, aún incomprensible, el ser humano vive tratando de provocar cambios. Cuando no logra suscitarlos a gran escala, los promueve en sí mismo. Puede que esa sea la razón de nuestra búsqueda interminable. Es imposible encontrarse, cuando lo haces ya has cambiado, el conocimiento de lo buscado te hace otro.
Con un poco de dolor lo admito: el constante cambio hace imposibles esas relaciones ideales que duran años y años sin ningún tipo de problemas. A decir verdad, no sé en que pensaban los que impusieron los cánones de la sociedad en cuanto a relaciones personales se refiere. A todos nos ha pasado que lo que queremos no es precisamente bien visto por los demás. Entonces, qué hacemos. Hay dos caminos: te adaptas, y dejas a un lado tus necesidades, o satisfaces tu deseo. Pero, pensándolo mejor, hay un tercer camino. Espero sea conocido, porque nos permite hacerle trampa a nuestra eterna esclavitud. Tan dual como las antiguas deidades: hacer lo que nos plazca y pretender que no hacemos nada. Explicado con la idea de Sabines: seguir las prescripciones de la moral en turno. Sin embargo, adoptando esta medida muchos buenos poemas quedarían sin uso. O no, porque habría más almas en pena y sería un mundo diferente. ¿Podría acaso ser nuestra vida más desgraciada? Amar es combatir, dice Paz. Combatir contra la sociedad, contra uno mismo, contra el tiempo. La despedida vendrá puntual a la cita, nunca ha fallado. Y cuando eso suceda será nuestro deber sobreponernos.
Para seguir adelante, se necesita un algo medio indescriptible: algunos lo llaman maestría, otros simplemente madurez. Pero, no importa como lo nombremos, nos es imprescindible. Lo que hasta aquí he expuesto se puede convertir en una teoría de vida. Buena o mala. Depende de nosotros.
Ocurre que la realidad es superior a los sueños. En vez de pedir “déjame soñar”, se debería decir: “déjame mirar”.
Juega uno a vivir.¹
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Mozán Gómez, Fernanda P."Acerca de las despedidas y las relaciones personales." Poesía sexo maríhuana . eds.Felipe Quetzalcoatl Quintanilla, Ivonne Zarza, Francisco Ucán Marín. Ottawa: 2006.
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