Perlesía y convulsión.
Oigo los ruidos en el pasillo y quisiera pararme a callarlos. Cuando mi deseo se torna en desesperación, el tafil comienza a llegar a mi cerebro.
El día despierta a las siete de la mañana con la típica pastilla de trileptal; me marea lo suficiente para tardar diez minutos en bajar las escaleras. Doy gracias por traer mi abrigo al abrir la puerta y sentir una ráfaga de aire frío. Cruzo la banqueta mientras trato de identificar un ruido lejano: es la sirena de una ambulancia. Camino lento para saludar a mi vecina que se encuentra barriendo su patio. Al llegar a la esquina veo el reloj: 7.15 am. Intento dar un paso más y … Siento una punzada en el hemisferio derecho cerebral, mis músculos se tensan, la garganta empieza a cerrarse. Trato de gritar y pedir ayuda, pero ya es tarde. Las rodillas se doblan y caigo. Mi lengua se enrosca, veo una luz blanca y hago un esfuerzo por pensar que terminará más rápido que las otras veces. Pierdo el conocimiento.
Abro los ojos y no necesito preguntar la hora, hace seis horas que tomé el alprazolam. Aprieto el botón para llamar a la enfermera. Trae dos vasos: uno lleno de agua y el otro con una pastilla. ¿Haldol? ¿Diazepam?
Li119958
13/11/2002 1:37:35
Entonces
Quiero perderme en la noche,
no llegar a ningún lado;
ya no sentir tu deseo,
no oler los sabores.Seguirte es ir a lo odiado,
eres mi perdición y mi hastío
mi encuentro y venganza
una palabra y tu mirada.Tramo tenerte alejado,
pero volverás constante
como han vuelto mis dioses.Estoy perdida en la noche,
pero quisiera estar sin ti,
ya no seguirte.
Ya no pensar.
Cholula, Puebla 2002
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Cuando entró lo supo de inmediato: no saldría en toda la noche. Las promesas de volver para después de media noche, se esfumaron. En tococirugía una niña en paro, en urgencias un niño asfixiándose; en casa una deliciosa cena, niños jugando y a las doce... a las doce el brindis del abuelo. Había comenzado como una simple plática y se había convertido en tradición. Era una especie de renovación de juramento a la familia, una alabanza a todos sus miembros. Si uno no era mencionado, tenía un muy buen motivo para sentirse ofendio.
Mazón Gómez, Fernanda Patrica ."Poemas". Poesía sexo maríhuana . eds.Felipe Quetzalcoatl Quintanilla, Ivonne Zarza, Francisco Ucán Marín. Ottawa: 2006.
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